Santiago de Cuba, la ciudad del Son

En cada esquina, en cada plaza, en los bares, en las terrazas, la música está presente.

Las calles están llenas de gente a todas horas.

Gente distinta, hablando, comunicando, alegres, joviales.

Las mujeres vestidas de aquella forma tan particular, tan caribeña, con la ropa ajustadísima y de colores vivos, luciendo lo que tienen, sea bonito o feo.

Los hombres con un aire tranquilo, sin prisa.

Los niños alegres e inquietos, educados, con un respeto y unas ilusiones que los de Cataluña han perdido.

Aquí a la gente se la ve feliz a pesar de las penurias económicas, al control político y policial, la falta de iniciativa, la pasividad y un cierto fatalismo, que es una constante en la vida cubana.